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La Carne y el costo oculto de su producción
La carne ocupa un lugar crucial en la alimentación global pero detrás de su producción y consumo masivo encontramos actividades como la deforestación y el uso indiscriminado de recursos como el agua y el suelo que derivan en una presión sin precedent
Tuesday, 03 de February de 2026
A nivel mundial, la ganadería utiliza más del 30% de la superficie terrestre del planeta y cerca del 70% de los terrenos agrícolas, principalmente para pastizales y la producción de alimento para animales. Según datos de la FAO y el World Watch Institute, producir un solo kilogramo de carne de res requiere más de 15.000 litros de agua, mientras que la de cerdo requiere alrededor de 8.000 litros y la de pollo más de 4.000. Sin contar el agua necesaria para la producción de alimentos destinada a estos animales. El modelo de producción de la carne de res tiene consecuencias significativas ya que es el responsable del 41% de la deforestación de bosques tropicales. La pérdida masiva de ecosistemas además de acelerar la extinción de especies también reduce la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono, contribuyendo, de esta manera, a que los sistemas agroalimentarios generen entre el 20% y el 40% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). A ello se suma el impacto a la salud de la población. La OMS advierte que el consumo excesivo de carne incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares y favorece la aparición de bacterias resistentes a antibióticos y enfermedades zoonóticas asociadas a la ganadería industrial. En la última década, Bolivia se fue convirtiendo en un exportador emergente de carne, principalmente hacia el mercado chino. Las exportaciones crecieron un 47%, alcanzando ingresos de aproximadamente 220 millones de dólares en 2024. Sin embargo, este crecimiento no ha sido beneficioso de manera equitativa con la población boliviana. El año 2023, Bolivia importó 273 toneladas de carne, mientras que cerca del 35% de la producción total fue destinada a la exportación. Gracias a este modelo, los beneficios económicos llegan a pocos sectores, mientras que las comunidades rurales y la población urbana enfrenta desabastecimiento y el incremento desmedido de los precios. El impacto ambiental es aún más preocupante. La expansión cada vez más acelerada de la frontera agropecuaria en Santa Cruz y Beni ha provocado incendios forestales devastadores, desplazamiento de pueblos indígenas y la pérdida de millones de hectáreas de bosques y pastizales. En 2022 y 2023, Bolivia se posicionó como uno de los países con mayor pérdida de bosque primario a nivel mundial, una tendencia favorecida por políticas públicas que priorizan el crecimiento ganadero y agroindustrial por encima de la protección ambiental y de los derechos colectivos. A pesar de este panorama, existen alternativas que pueden hacer frente a esta realidad. En Bolivia, algunos ganaderos están apostando por modelos de ganadería sostenible y regenerativa. Experiencias como la finca Juan Deriva, en Santa Cruz, demuestran que es posible criar ganado sin hormonas, con rotación de pastizales y conservando los bosques, manteniendo precios accesibles para el mercado interno. Un panorama similar se puede observar con las iniciativas desarrolladas en la Amazonía y la Chiquitanía, donde organizaciones como la Fundación Armonía y la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano impulsan el manejo rotativo de ganado, el uso racional del fuego, el pastoreo y la eliminación de agroquímicos, preservando la fertilidad del suelo sin necesidad de deforestar bosques. Asimismo, la población puede apoyar a esta causa mediante la reducción de consumo de carne, ya que está acción es clave para hacer frente a todos los impactos negativos que mencionamos anteriormente. Un ejemplo de ello es la campaña internacional Meatless Monday, que promueve el dejar de consumir carne una vez por semana, práctica que demostró ser beneficiosa a nivel ambiental y a nivel de la salud al fomentar dietas más diversas y sostenibles. El cuestionar el modelo de producción y consumo de la carne no implica eliminar este alimento por completo de nuestra dieta, conlleva afrontar que este modelo sacrifica los suelos, el agua, los bosques y, como consecuencia, nuestro futuro y el de generaciones futuras. Es por esto que es importante llevar a cabo una transición hacia sistemas alimentarios más responsables y justos tomando en cuenta el involucramiento de productores, consumidores y el estado en su conjunto. Autor: Brenda Sainz